¿Conoce las pérdidas económicas de su empresa?

Alejandra María Campos Mier

Empresaria independiente y catedrática del Instituto Tecnológico de la Construcción.

 

Como empresarios y responsables de negocios en nuestro país, resulta de suma importancia hacer una retrospectiva de los errores que a lo largo del tiempo pueden haberse cometido y que llevaron a la disminución de utilidades o ganancias que se esperaba recibir al finalizar un proyecto o cerrar un ciclo de trabajo en el negocio.

 

En el tema de las pérdidas económicas, resulta muy acertada una frase popular que han empleado muchas generaciones de mexicanos pero que sigue siendo vigente: “Cuida los centavos, que los pesos se cuidan solos”. Si esto lo aplicaran todas las empresas, habría menos desperdicios en el área productiva, así como menos robos hormiga, tan comunes en industria de la construcción. Pero hay que ser precavidos, porque puede caerse en el extremo de no reconocer que existen insumos y gastos imposibles de eliminar porque forman parte importante de la actividad productiva.

 

Hay un error que a menudo cometen las empresas y hasta las personas en su vida diaria: puede comprarse maquinaria o un equipo de trabajo más reciente y actualizado, que permite llevar a cabo las actividades de manera más rápida o eficiente, y al desempacar el equipo se busca un lugar apropiado para colocarlo y ponerlo a funcionar. Para ello, muchas veces se desconecta (o, en el mejor de los casos, se guarda) otro equipo o máquina que hasta ese momento había resultado útil; en otros casos, ni siquiera se guarda, sino simplemente se hace a un lado, y esto provoca que la herramienta, equipo y maquinaria que hasta ayer era de utilidad quede en el olvido. Lo más probable es que permanezca en un rincón durante tanto tiempo que terminará por convertirse en basura, habiendo perdido las características que en algún tiempo la hacían indispensable.

 

Sobre este fenómeno, recomiendo ampliamente el libro de Eliyahu Goldratt La meta, en el cual se expone algo muy parecido: una máquina que, habiendo sido la “estelar” en una fábrica de piezas para robots, queda en el olvido cuando llegan a la fábrica equipos nuevos que producen las mismas piezas a una mayor velocidad; se guarda en una bodega, pero más tarde es rescatada y rehabilitada para salvar a la empresa en un momento crítico.

 

Es una historia apasionante para el mundo de los negocios, porque involucra una serie de situaciones que tiene que resolver el gerente de la planta y que lo llevan no sólo a evitar que ésta sea cerrada, sino a entrar, sin saberlo, en un proceso de mejora continua.

 

Como empresarios, es necesario tomar conciencia de que, aunque la maquinaria y el equipo ya hayan sido depreciados en lo contable, se puede obtener de ellos un último beneficio, ya sea vendiéndolos a alguno de los empleados interesados en ellos u ofreciéndolos a otros negocios cuya capacidad económica o tamaño sea menor; de esta forma se genera un costo de recuperación.

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Otro punto que se debe considerar en cualquier organización es el de la capacitación adecuada al personal. Es común escuchar que en puestos operativos no se tiene que preparar al personal para que desempeñe bien su trabajo. Soberano error. En cualquier labor, por sencilla que parezca, hay que enseñar al trabajador a realizar bien sus tareas. Esto económicamente se convierte en una fuente de dinero, al evitar que el personal cometa equivocaciones y desperdicie recursos que difícilmente se podrían recuperar.

 

Equivocadamente, hay industriales que piensan que tanto la capacitación como el adiestramiento son gastos inútiles y, por lo mismo, innecesarios. Sin embargo, administrativamente está demostrado que la preparación adecuada de los trabajadores es una de las inversiones más redituables para los negocios, porque al trabajar con el mínimo de errores, las utilidades para los propietarios o accionistas de las empresas son muy grandes.

 

En consecuencia, todas las empresas deben tener una reserva de dinero destinada a la capacitación en su presupuesto anual, respetando también lo que marca la Ley Federal del Trabajo en el artículo 153 respecto a la obligación que tienen los patrones de capacitar a sus trabajadores.

 

A menudo se emplea la política equivocada en las empresas, al pensar que el capital humano es fácil de conseguir. Los empresarios tienden a pensar que conseguir personal es tan fácil que se pueden dar el lujo de prescindir de algunos empleados sin que ello afecte a la empresa. Sin embargo, no hay que olvidar que lo aprendido por el trabajador es un conocimiento propio y que, al irse de la empresa, ese capital intelectual le pertenece.

 

La experiencia es un factor que con frecuencia olvidan los propietarios de empresas, y que no se compra en ningún estante ni viene con ningún libro o software; esto la convierte en algo muy valioso para el desempeño en cualquier puesto. En numerosas ocasiones, los principales competidores son los ex empleados, quienes con todo el conocimiento que tienen del negocio pueden ser posteriormente un dolor de cabeza cuando crean un negocio similar. La razón es muy sencilla: tal vez es lo único en lo que se sienten capaces de sobresalir debido a todo el tiempo que han tenido para conocer los “secretos del negocio”, y, como en numerosas ocasiones he escuchado decir a varios emprendedores, es lo único para lo que están preparados profesionalmente.

 

Es bueno recordar que no hay enemigo pequeño. Se ha visto que grandes empresas han llegado a quebrar porque surge un competidor muy fuerte –personas que durante algunos años colaboraron en la empresa, de forma inesperada fueron despedidos y se ven obligadas a iniciar un negocio con los mismos productos y servicios que para ellos están probados como exitosos.

 

Finalmente, a continuación describo una herramienta que puede ayudar a incrementar las utilidades mediante el buen manejo de recursos: el plan Scanlon, que fue propuesto a mediados del siglo pasado por Joseph Scanlon, pero que en nuestro país no es muy conocido salvo entre quienes se dedican a estudios de comportamiento organizacional, administración de negocios o alta dirección de empresas y se preocupan por lograr mayores rendimientos en su compañía.

 

En pocas palabras, este plan se enfoca en la disminución de costos de operación en las empresas. Se basa en el ahorro que puede haber en las organizaciones como resultado de la iniciativa de los trabajadores, y que deberá proporcionar tanto al negocio como a los empleados un ingreso adicional. Éstos ayudan a mostrar en qué gastos se puede economizar, pues ellos también recibirán un beneficio económico; de esta forma, la empresa incrementará sus ganancias.

 

En realidad, se trata de compartir con los empleados parte del ahorro que se genere en un determinado periodo, propiciando que ellos empiecen a buscar más formas de disminución de gastos en la compañía, en el entendido de que les será devuelta parte de ese ahorro como un bono o incentivo adicional a su salario en una determinada fecha.

 

Este método tiene la ventaja de que, al recibir los trabajadores un beneficio, se convierten en supervisores mutuos para evitar desperdicios ya sea materiales, en insumos o en el uso de servicios.

 

Otro beneficio del plan Scanlon es que propicia la comunicación entre todos los integrantes de la empresa, lo cual redunda en una mejor calidad de vida laboral y genera un ambiente de confianza y cordialidad que en muchas ocasiones es difícil generar en las corporaciones, debido principalmente a la diversidad de niveles no sólo jerárquicos sino también de educación y preparación académica. El plan Scanlon incentiva en gran medida a que cada integrante de la empresa sugiera mejoras económicas al desempeñar su puesto.

 

Conclusión

En las organizaciones existen pérdidas económicas con distintas causas. Cada empresa tiene una personalidad y una dirección, y de esta última depende en gran medida el nivel de utilidades generadas en cada proyecto y periodo de trabajo. Es función primordial de los directores y gerentes observar cuáles factores están originando que en muchas ocasiones no se generen las ganancias esperadas por los accionistas, para poner en marcha una serie de medidas que ayuden al logro de los objetivos propuestos y así evitar las pérdidas inadvertidas o fugas silenciosas de dinero, algo que puede suceder en cualquier organización.

 

Texto publicado en: Revista Mexicana de la Construcción RMC 645 agosto 2020.

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